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jueves, 14 de enero de 2010

Buenas noches princesa

Hola Jessica, vengo a traerte un trozo de una historia que espero te guste y sirva de entretenimiento.

El mundo entero conoce la historia de “La Bella Durmiente del Bosque”, aquella princesita que durmió cien años porque un hada maligna así lo dispuso. Y también su glorioso despertar en el momento en que el apuesto príncipe Arnoldo, heredero del reino de las Aguas de Plata, besó dulcemente sus labios rendido de amor.
Pero el resto… el resto estaba perdido en el olvido y vamos a recordarlo aquí.


Lo vamos a titular... ¡sí! este nombre nos vale y ya está escrito.



Sucedió que ambos jóvenes abandonaron el bosque montados en el caballo blanco del príncipe y regresaron al Reino de las Aguas de Plata, y que su paso por las calles y plazas, vitoreados por el pueblo entero, fue un acontecimiento memorable que nadie olvidará jamás.

Los reyes sentíanse ampliamente satisfechos, pues, al fin. Su hijo y heredero iba a casarse con la princesa más bella que mente humana pudiera imaginar.

-Los preparativos para las bodas van a empezar ahora mismo- dijo la Reina-. Nunca se habrá visto nada igual.



-Ningún personaje importante dejará de asistir- dijo el Rey.



Y entonces la princesita recordó lo que había oído contar de la fiesta importante que tuvo lugar en el momento de su nacimiento y a la cual sus padres olvidaron invitar al hada Nulia, con los tristes resultados por todos conocidos.



-¡Oh, sí, por favor! Que no se olvide nadie- rogó la bellísima princesa Jessika. (¡Ah! que no os había dicho que la hermosa princesa se llamaba Jessika. ¡Que casualidad! )



Llegó el gran día y todas las campanas del Reino de las Aguas de Plata empezaron a cantar, mientras la multitud se congregaba al pie de las escalinatas del palacio, donde no faltaba ni un personaje regio, conocido o por conocer; y las hadas al completo. Y las ninfas del bosque. La princesa Jessika había tenido buen cuidado de que fueran invitadas la Ninfa de las Madreselvas, la del Sauce Llorón, la del Alerce, la del Romero, la del Abeto, y la del Tomillo y muchas otras más. Sí, estaban todas las de su bosque, mudos testigos de cien años de su existir.



Y cuando Arnoldo y la princesa Jessika aparecieron en lo alto de la escalinata luciendo sus galas nupciales, magníficos de esplendor, con esa irradiación que solo la dicha puede dar, y miles de palomas blancas cruzaban el cielo de la ciudad, un voz terrible, de bronco rumor gritó:



-¡Alto! ¡Esta boda no se va a celebrar!





Los novios, los regios personajes y los invitados todos, además del pueblo, vieron aparecer a un extraño ser de cabellos de plata muy largos, y vestido de azul de tan extraño tejido que cada uno de sus hilos parecía tener movimiento y correr.

-¿Quién sois, señora? –preguntó Su Majestad.



-¡La ninfa de los Arroyos! ¡La que con más derecho tenía que estar aquí hoy! Durante cien años he dado vida al bosque donde dormía la princesa que hoy se casa con el príncipe del Reino de las Aguas de Plata. ¿He dicho que hoy se casa con la princesa Jessika? ¡Je, je, je…! ¡La princesa no se casará jamás, porque este Reino va a tardar solo unos minutos en desaparecer!



Y, gritando a los cuatro vientos, la extraña ninfa ordenó en voz tan alta y fuerte que la oyeron todos.



-¡Aguas mil! ¡Venid!



Ante los ojos aterrados de todos, cientos de arroyos empezaron a caer desde las cúspides, terribles y tumultuosos, empezando a anegar el valle donde estaba la ciudad y el palacio real.



Ganados por el pánico, casi todos gritaban:



-¡Vamos a morir ahogados! ¡Vamos a morir ahogados!

Y de pronto, algo más sucedió: una terrible ráfaga de viento girando en espiral, se detuvo ante el palacio y una borrosa figura de flotante capa apareció en su interior.



-¡Soy el Genio del Viento! ¡Y os digo que esa enredadora Ninfa de los Arroyos no se saldrá con la suya! ¡Mí poder abatirá al suyo! Porque amo mucho a la princesa, cuyos dorados cabellos he acariciado durante cien años y a la que deseo larga vida y mucha felicidad.



Así diciendo, la potente ráfaga en espiral empezó a levantarse y, a la vista de todos, a soplar y soplar enviando tremendos vendavales contra los mil arroyos cuyas aguas, burbujeando, saltando y entrechocando, se desviaron siguiendo otra dirección, hasta confluir sobra una hondonada desértica donde se juntaron y aquietaron, formando un manso y transparente lago, cuya belleza iba a ser causa de admiración durante muchas generaciones.



Tan imprevistamente como había llegado, el misterioso Genio del Viento desapareció, llevando con él a la Ninfa de los Arroyos.



Se celebraron las bodas más alegres de que nadie haya tenido jamás noticias. Y se dice que los desposados vivieron muchos años llenos de amor.

Y como decimos por acá: Fueron felices y comieron perdices. Que por cierto no se por qué tienen que comer siempre perdices. ¿Tu lo sabes... princesita Jessi?


Que lo pases bien leyendo, mi pequeña princesa.






















1 comentarios:

Mundo Animal. dijo...

ESTA GENIAL ESTE RELATOOOOOOOOO
LA PEKE ESTARA REFELIZZZZZZZZ
JEJEJE

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