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miércoles, 20 de enero de 2010

Estrellita de oro y el príncipe

Hola princesita. Hoy te traigo la segunda parte de Estrellita de Oro. Quedamos en que regresó su papá y las cosas cambiaron para ella. Ahora vemos lo que ocurrió después.

Durante cierto tiempo, Estrellita de oro fue muy feliz, pues su madrastra no podía hacerla sufrir ni darle malos tratos, estando el castellano en casa.

Pero el caballero dependía de su soberano y tuvo que realizar un viaje. Antes de marchar, preguntó a sus hijas que regalo deseaban que les trajera.



-Para mí un traje de raso y un sombrero de plumas –dijo Orejas de Burro.



-Yo quiero una varita del primer árbol que encuentres –respondió Estrellita de Oro.



Se marchó el castellano y pronto encontró un árbol, al que le cortó una varita. Y, una vez en la ciudad, compró lo que había pedido la otra.
Al regreso, las dos muchachas se pusieron muy contentas. Sin embargo, el castellano tuvo que ir nuevamente de viaje y las penas comenzaron de nuevo para Estrellita de Oro.
Y sucedió que, durante esta ausencia, el rey anunció la celebración de un baile para que el príncipe heredero pudiera conocer a las muchachas casaderas del reino. Naturalmente, la madrastra acudió con su hija, ambas puestas de punto en blanco. Y a Estrellita de oro le dejó con el encargo de limpiar un saco de lentejas sobre el que había arrojado ceniza.
Pero, en cuanto se fueron, ella tomó su varita y le rogó, entre lágrimas, que acudiera en su ayuda, pues deseaba ir también al baile. Al instante llegaron multitud de pajarillos que limpiaron las lentejas en pocos minutos.
Maravillada, porque ignoraba entonces las virtudes de la varita, le pidió la ropa adecuada para presentarse en el baile. Al instante tuvo ante ella un vestido de raso y perlas, como ni en sueños pudo imaginarlo, zapatitos de raso y una guirnalda para los cabellos.
Como por arte de magia, sin mancharse, salió por la chimenea, pues su madrastra había cerrado con llave por fuera, y se encontró con un elegante carruaje tirado por caballos blancos, con su lacayo y todo esperándola.
En cuanto el príncipe heredero la vio en la puerta del salón, deslumbrado por la radiante belleza de la muchacha y la bondad que irradiaba su rostro, la sacó a bailar.

-Príncipe –le dijo ella al segundo baile- Tendréis que bailar con alguna otra muchacha. Creo que vuestro padre, el rey se impacienta.



-Ya he elegido a mí muchacha –respondió él sonriéndole arrobado.



El apuesto príncipe solo bailó con Estrellita de oro. Esta observó que la madrastra y su hija le dirigían furibundas miradas, ya que creían reconocerla y, por otra parte, no les entraba en la cabeza que pudiera estar allí, tan ricamente ataviada, cuando la habían dejado encerrada.
Temiendo las iras de la cruel mujer, Estrellita se escapó en un descuido del príncipe. Subió al carruaje, regresó al castillo y entró por la chimenea, sentándose junto al saco de lentejas. Al instante, carruaje y atavíos desaparecieron como por arte de magia.



Al día siguiente el príncipe empezó a buscar a su bella desconocida, pero recorrió el reino inútilmente. Cierto que estuvo en el castillo, pero la madrastra había tenido buen cuidado de encerrar a Estrellita de Oro en la bodega. Desalentado y triste, regresó a su palacio.



¡Ay! –gemía... ¿Será mí sino no dar con el paradero de mí amada?



Y mientras tanto, como a oídos de Estrellita de Oro había llegado la noticia de que el príncipe buscaba sin cesar a su pareja del baile de palacio, se le ocurrió tomar su varita y rogarle:



-Por favor, por favor… haz que el príncipe pueda encontrarme, ya que estoy prisionera y no puedo llegar hasta él.



En el mismo instante, la estrella de oro que llevaba en la frente desde el día que en el río se le apareció el hada, se despegó de su piel y salió como una nube a través de la ventana. Grande fue el asombro del príncipe heredero del reino cuando vio la estrellita de oro que tan bien conocía detenerse sobre su cabeza. Había llegado por los aires y parecía invitarle a seguirla. Y eso es lo que hizo el príncipe cuando el brillante objeto comenzó a seguir una determinada dirección. Anda que te andarás, el joven enamorado llegó ante el castillo del caballero de su padre y rey





Pero allí perdió de vista la estrella, pues se introdujo por una ventana y desapareció de su vista.
El heredero del trono fue a llamar a la puerta. La madrastra, hecha mieles, le recibió con la mejor de las sonrisas y una perfecta reverencia.



-Pasad, príncipe y hacedme el honor de consideraros en vuestra casa.



-Señora –empezó el joven- quiero que llaméis a todas las muchachas que viven en este castillo.



Naturalmente, la que se presentó fue Oreja de Burro, tan sonriente como su madre.



-No es esta la joven a quien busco, señora –manifestó el príncipe.



-Señor, en el castillo no vive ninguna otra muchacha.



Algo en el tono de voz de la mujer, sonaba a falso. El príncipe llamó a su guardia y dijo a la madrastra:



-Señora, a pesar de lo que decís, vamos a registrar el castillo.



Empezó por los pisos superiores y fue bajando, pero sin dar con la bellísima muchacha que le había enamorado. Ignoraba que la madrastra por otra escalera secreta, había sacado a estrellita de oro de la bodega, obligándola a subir al piso más alto, ya registrado por el heredero del trono y su escolta.
Pero Estrellita de Oro había tenido buen cuidado de llevarse su varita mágica. La estrella de oro había vuelto a su frente y ella lo interpretó como un acontecimiento importante que sucedía cerca.



-Varita mía, haz que mí madrastra no triunfe- le rogó en voz baja.



Inmediatamente la estrella volvió a saltar de su frente y rodó por las escaleras hasta los pies del joven y real personaje, cuando ya iba a abandonar el castillo.



-¿Qué es esto?- preguntó asombrado.



La estrellita, como si hubiera ido en su busca, corrió de nuevo hacia la escalinata central y, de salto en salto, comenzó a ascender, brillante como nunca.
El príncipe se pegó a ella. Cuando la estrella se detuvo ante una puerta cerrada, el joven ordenó a los miembros de su escolta:



-¡Echad abajo esa puerta!



Con unos cuantos culatazos la cerradura cedió. La estrella voló a la frente de la encantadora hija del castellano y el príncipe exclamó:



-¡Amada mía! ¡Al fin te encuentro!



-¡Príncipe!- Fue lo única que pudo balbucir la joven, sobrecogida por la emoción.



En la carroza regia, Estrellita de oro fue llevada a palacio y presentada a l pueblo como la prometida del príncipe heredero.
Cuando el castellano supo el comportamiento que su esposa había tenido con estrellita de Oro, la arrojó de su casa y también a Oreja de Burro.



Los jóvenes enamorados se casaron y fueron felices durante largos años. (No se si comieron perdices)


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Jessica, no se si habrás oído hablar de la Operación triunfo. me imagino que sí. Es un concurso que hace Televisión Española casi todos los años. Pero los que triunfaron de verdad fueron los primeros ¿sabes? Bueno pues estos que vas a ver en el video son los que no ganaron pero que cantan muy bien,. Te los dejo con un popurrí de canciones infantiles. Tal vez a algunos de ellos los conozcas. Aquí en España los llaman "Los triunfitos".



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